Nicola Scafetta en el pódcast de Tom Nelson: las limitaciones de los modelos climáticos globales
Nicola Scafetta habló recientemente sobre su nuevo libro Frontiers of Climate Science: Solar Variability, Cycles and Model Uncertainty en el pódcast de Tom Nelson. El libro busca fomentar un debate más amplio sobre las incertidumbres que aún persisten en la ciencia del clima y las limitaciones de los modelos climáticos globales contemporáneos.
Nicola Scafetta, profesor asociado de la Universidad de Nápoles Federico II, comienza presentando su libro recientemente publicado, Frontiers of Climate Science: Solar Variability, Cycles and Model Uncertainty. Explica que la obra es el resultado de muchos años de investigación y revisa más de 650 artículos científicos sobre la variabilidad del clima, la influencia solar y la modelización climática. Según el autor, el objetivo del libro es llamar la atención sobre evidencias que, a su juicio, han recibido una atención insuficiente en los debates predominantes sobre el clima.
Puede ver la presentación completa y la sesión de preguntas posterior en el pódcast de Tom Nelson aquí:
El tema central de la presentación es que los modelos climáticos globales (GCM) actuales no representan adecuadamente la variabilidad natural del clima. En lugar de afirmar que las actividades humanas no desempeñan ningún papel en el cambio climático, Nicola Scafetta sostiene que la contribución de los procesos naturales ha sido considerablemente subestimada, lo que ha llevado a una sobreestimación de la sensibilidad del clima a los gases de efecto invernadero.
Como resume:
«Las evaluaciones del IPCC… presentan importantes limitaciones porque estos modelos no captan realmente la variabilidad natural en múltiples escalas temporales».
Scafetta comienza situando el cambio climático moderno dentro de la larga historia geológica de la Tierra. Sostiene que el clima nunca ha sido estático. A lo largo de cientos de millones de años, el planeta ha experimentado alternancias entre períodos cálidos y fríos cuya magnitud superó ampliamente el calentamiento observado en la actualidad. Además, los registros climáticos muestran oscilaciones en una amplia variedad de escalas temporales, desde ciclos anuales y multidecadales hasta variaciones milenarias e incluso de millones de años. Muchos de estos ciclos corresponden a fenómenos astronómicos, entre ellos las variaciones orbitales, la actividad solar y las oscilaciones oceánicas.
Perspectiva histórica
Esta perspectiva histórica constituye la base de su crítica a los estudios actuales de atribución del cambio climático. Sostiene que, antes de determinar qué parte del calentamiento reciente es consecuencia de las actividades humanas, primero es necesario comprender plenamente el alcance de la variabilidad natural del clima. Aunque reconoce que el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero influye en el clima, considera que la señal de fondo asociada a los procesos naturales todavía no se comprende por completo.
A continuación, aborda el marco de atribución utilizado por el IPCC. Explica que la evaluación más reciente del organismo concluye que prácticamente todo el calentamiento observado desde finales del siglo XIX es atribuible a la influencia humana, mientras que factores naturales como la variabilidad solar, la actividad volcánica y la variabilidad interna del clima contribuyen poco o nada a la tendencia de calentamiento a largo plazo.
Esta conclusión depende casi por completo de las simulaciones generadas por los modelos climáticos globales. Estos modelos se ejecutan bajo dos escenarios diferentes: uno que incluye tanto los forzamientos antropogénicos como los naturales, y otro que considera únicamente los forzamientos naturales. En este último caso, los modelos muestran prácticamente ningún calentamiento desde 1850, mientras que el calentamiento aparece únicamente cuando se incorporan las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero. Sobre esta base, el IPCC concluye que el calentamiento reciente es casi totalmente de origen humano.
Scafetta sostiene que este razonamiento presenta una debilidad metodológica fundamental. Afirma que las simulaciones que consideran únicamente los forzamientos naturales no pueden validarse de manera independiente, ya que no existe un registro observacional de una Tierra sin influencia humana con el cual puedan compararse. En consecuencia, argumenta que la atribución se basa, en última instancia, en los supuestos incorporados a los modelos y no en una verificación empírica directa.
Esta crítica constituye uno de los argumentos centrales de su conferencia. Scafetta enfatiza repetidamente que los resultados producidos por los modelos no deben confundirse con hechos científicos verificados experimentalmente. En su opinión, dichos resultados deben entenderse como hipótesis cuya credibilidad depende de qué tan bien logren reproducir el comportamiento observado del clima.
Sensibilidad climática
Una de las principales fuentes de incertidumbre se refiere a la sensibilidad climática de equilibrio, es decir, la cantidad de calentamiento a largo plazo que se espera después de que la concentración de CO2 en la atmósfera se duplique. Aunque el efecto invernadero del CO2 está bien establecido, persisten grandes incertidumbres en la estimación de las retroalimentaciones climáticas, especialmente las relacionadas con las nubes.
Explica que los procesos asociados a las nubes influyen de manera importante en la cantidad de calentamiento adicional que se produce tras una perturbación radiativa inicial. Sin embargo, la dinámica de las nubes sigue siendo difícil de modelar con precisión y, después de varias décadas de desarrollo de modelos climáticos, el rango estimado de la sensibilidad climática no se ha reducido de manera significativa.
Esta incertidumbre persistente plantea interrogantes sobre el grado de confianza que puede depositarse en las proyecciones de los modelos con alta sensibilidad climática. Señala que distintos modelos climáticos producen sensibilidades climáticas de equilibrio que van desde aproximadamente 1,8 °C hasta más de 5,5 °C para una duplicación de la concentración atmosférica de CO2, un rango notablemente amplio para modelos destinados a representar el mismo sistema climático.
También cita estudios que sugieren que varios de los modelos climáticos globales de última generación producen un calentamiento sistemáticamente superior al observado. Los modelos con menor sensibilidad climática generalmente concuerdan mejor con los conjuntos de datos observacionales disponibles, mientras que los modelos con mayor sensibilidad tienden a exagerar las tendencias de calentamiento.
Isla de calor urbana
A continuación, se analizan evidencias observacionales que, según la presentación, ponen de manifiesto otras limitaciones de los modelos climáticos actuales. Un ejemplo es la discrepancia entre las mediciones de temperatura obtenidas por satélite y los registros de temperatura en superficie. Las observaciones satelitales de la troposfera inferior suelen indicar un menor calentamiento que los conjuntos de datos basados en mediciones de superficie, especialmente sobre los continentes. Dado que las observaciones por satélite y las de la temperatura superficial del mar coinciden mucho más estrechamente sobre los océanos, es probable que parte del mayor calentamiento observado sobre tierra se deba a factores no climáticos, como el efecto de isla de calor urbana.
La presentación también cuestiona la capacidad de los modelos climáticos globales para reproducir variaciones climáticas bien conocidas del pasado. Se argumenta que, si los modelos no pueden simular con precisión importantes períodos cálidos ocurridos antes de la industrialización, es probable que estén omitiendo mecanismos físicos relevantes que también influyen en el clima moderno.
En primer lugar, se hace referencia al Período Cálido Medieval. Las reconstrucciones de temperatura indican que entre aproximadamente los años 900 y 1300 d. C. se registraron condiciones de calor significativas en diversas regiones. Sin embargo, se sostiene que los modelos climáticos actuales no logran reproducir este episodio de manera convincente. Si esos períodos cálidos de origen natural no pueden ser generados por los modelos, se concluye que estos deben estar omitiendo importantes fuentes de variabilidad natural del clima: “Los modelos son completamente incapaces de reproducir la variabilidad natural del clima, en particular los períodos cálidos del pasado”.
El mismo argumento se aplica al Máximo Térmico del Holoceno, ocurrido hace aproximadamente entre 6 000 y 8 000 años, cuando numerosas reconstrucciones paleoclimáticas sugieren que las temperaturas en varias regiones superaban las registradas durante el siglo XX. Debido a que las concentraciones atmosféricas de CO2 en ese período eran inferiores a las actuales, esas condiciones cálidas no pueden explicarse fácilmente únicamente por el forzamiento de los gases de efecto invernadero. Por ello, se concluye que otros mecanismos naturales debieron contribuir de manera importante a la evolución del clima a largo plazo.
Variabilidad solar
Un tema recurrente a lo largo de la presentación es el papel de la variabilidad solar. Según se explica, el IPCC atribuye una contribución muy pequeña a los cambios en la actividad solar desde el siglo XIX. Sin embargo, numerosos registros paleoclimáticos muestran fuertes correlaciones entre las reconstrucciones de la actividad solar y los cambios climáticos a largo plazo ocurridos a lo largo de siglos y milenios.
Una de las razones de esta discrepancia, según la presentación, es que los modelos climáticos utilizan reconstrucciones de la irradiancia solar que muestran una variabilidad de largo plazo relativamente reducida. En cambio, otras reconstrucciones publicadas sugieren cambios considerablemente mayores en la actividad solar. Debido a que la elección del conjunto de datos sobre irradiancia solar influye directamente en los resultados de los modelos, se sostiene que la contribución del Sol podría haber sido subestimada desde el principio.
También se plantea que la influencia del Sol podría actuar mediante mecanismos distintos de las variaciones en la irradiancia solar total. En particular, se menciona la hipótesis de que las variaciones en la actividad magnética del Sol modulan el flujo de rayos cósmicos galácticos que alcanza la atmósfera terrestre. Estos cambios podrían, a su vez, influir en la formación de nubes y modificar el balance energético de la Tierra. Aunque se reconoce que este mecanismo sigue siendo objeto de debate científico, se argumenta que debería recibir mucha más atención de la que actualmente recibe en la modelización climática predominante.
Ciclos
Sobre la base de estas ideas, la presentación expone una serie de modelos climáticos empíricos que incorporan oscilaciones naturales, incluidos ciclos multidecadales y milenarios relacionados con la actividad solar. Según se afirma, estos modelos empíricos reproducen las fluctuaciones observadas de la temperatura con mayor precisión que los modelos climáticos globales convencionales, especialmente aspectos como el calentamiento de principios del siglo XX, el enfriamiento de mediados del siglo pasado y la oscilación de aproximadamente 60 años que aparece en diversos conjuntos de datos observacionales.
Se sostiene que incorporar una mayor variabilidad natural reduce la proporción del calentamiento reciente atribuida a los gases de efecto invernadero de origen antropogénico, sin dejar de reconocer la existencia de una contribución humana. Desde esta perspectiva, tanto los factores naturales como los antropogénicos desempeñan un papel importante, mientras que los modelos actuales del IPCC asignan un peso insuficiente a los factores naturales.
Resumiendo su postura, afirma: “Es posible modelar el cambio climático suponiendo la existencia de ciclos naturales… el componente antropogénico es mucho menor de lo que asume el IPCC”.
Estos argumentos científicos conducen, finalmente, a conclusiones de política climática. Dado que considera que los modelos climáticos actuales sobreestiman de manera sistemática el calentamiento futuro, sostiene que alcanzar los objetivos del Acuerdo de París podría no requerir la adopción inmediata de emisiones netas cero a escala mundial. Utilizando lo que considera trayectorias de emisiones más realistas, junto con modelos climáticos que incorporan una mayor variabilidad natural, concluye que el calentamiento futuro podría mantenerse por debajo de 2 °C sin necesidad de aplicar los escenarios de mitigación más estrictos. En consecuencia, propone otorgar mayor prioridad a las medidas de adaptación que a una rápida descarbonización.
Su crítica no se dirige principalmente a la existencia del calentamiento de origen humano, sino a la magnitud que los modelos actuales le atribuyen. Argumenta que las incertidumbres aún no resueltas relacionadas con la retroalimentación de las nubes, la sensibilidad climática, las reconstrucciones históricas de temperatura, el forzamiento solar y las oscilaciones climáticas multidecadales indican que los modelos actuales siguen siendo representaciones incompletas del sistema climático.
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