La descarbonización de la UE es una amenaza para la seguridad de Occidente
Europa se niega a aprovechar plenamente sus reservas energéticas nacionales y se aferra a políticas económicamente destructivas que solo pueden debilitar la seguridad de Occidente, afirma Samuel Furfari. La seguridad energética es inseparable del poder militar.
El Ministerio de Defensa de los Países Bajos ha publicado su Hoja de Ruta para la Seguridad Energética (Energy Security Roadmap), una estrategia nacional destinada a garantizar que sus fuerzas armadas dispongan de suministros energéticos confiables. Aunque fue elaborada por un solo miembro de la OTAN, el documento refleja una realidad más amplia: la seguridad energética es inseparable del poder militar.
La “hoja de ruta” define la seguridad energética como la disponibilidad continua de energía confiable y asequible, tanto para las actividades en tiempos de paz como para las operaciones militares. Hace referencia explícita a la “política de combustible único” de la OTAN, que estandariza la logística militar en torno a combustibles fósiles líquidos, especialmente el queroseno, para garantizar la interoperabilidad entre las fuerzas aliadas. Actualmente, más del 95 % de los aviones, buques y vehículos militares neerlandeses funcionan con hidrocarburos.
Eólica y solar
A pesar de ello, los defensores de la descarbonización de la Unión Europea (UE) continúan demonizando los combustibles fósiles y promoviendo tecnologías eólica y solar que, después de dos décadas de subsidios, representan a nivel mundial algo más del 3 % del suministro energético. Incluso el documento neerlandés rinde homenaje a la descarbonización de la UE, pero la necesidad de hidrocarburos líquidos no se resolverá mediante discursos climáticos.
La conclusión para los responsables políticos estadounidenses es que la política energética de la UE debe tenerse en cuenta al evaluar la capacidad de defensa del continente.
La importancia del documento neerlandés sobre seguridad va más allá de la logística militar. Es una llamada de atención sobre el hecho de que la energía no es simplemente una cuestión ambiental o económica. Es, fundamentalmente, una cuestión de seguridad nacional. Las fuerzas armadas, la producción industrial, las redes de transporte y las infraestructuras críticas dependen de una energía abundante y confiable. Sin ella, disminuyen la preparación militar, la fortaleza económica y la autonomía nacional.
A lo largo de la historia, la energía ha sido la base del poder de los Estados. Las naciones que cuentan con un acceso seguro a energía asequible poseen economías más fuertes, mayores capacidades militares y más libertad de acción. Las naciones que dependen de proveedores externos se exponen a la coerción y a consecuencias aún peores.
Las tendencias energéticas mundiales refuerzan estos hechos. Según el Statistical Review of World Energy 2026, el 86 % del consumo mundial de energía primaria provino de combustibles fósiles. A pesar del crecimiento de las tecnologías renovables, el mundo sigue dependiendo abrumadoramente del petróleo, el gas natural y el carbón. Muchas grandes potencias se están adaptando a esta realidad, mientras que la burocracia de Bruselas parece ignorarla.
China
China, por ejemplo, está ampliando la generación renovable mientras, al mismo tiempo, construye nueva capacidad de generación a carbón y asegura el control sobre las cadenas de suministro de minerales estratégicos. Esta estrategia prioriza la disponibilidad y la resiliencia energética como bases del poder nacional. China está fortaleciendo tanto su posición económica como su seguridad a largo plazo.
Esta intersección entre política energética y capacidad de defensa podría representar una grieta existencial en la fachada “verde” de la UE. La Unión Europea sigue dependiendo en gran medida de la energía y las materias primas críticas importadas, mientras muchas industrias afrontan costos energéticos considerablemente más altos que sus competidores de Estados Unidos y Asia. El aumento de los costos ha contribuido a generar presiones sobre sectores como el acero, los productos químicos y la manufactura, industrias que constituyen la columna vertebral de la defensa de una nación.
Los ejércitos necesitan combustible, pero también necesitan acero, productos químicos, maquinaria, capacidad de construcción naval, electrónica y manufactura avanzada. Una nación que tiene dificultades para mantener una producción industrial competitiva tendrá problemas para fabricar tanques, municiones, drones, aviones y buques de guerra a la escala necesaria durante una crisis.
Desindustrialización
A medida que la UE ha demonizado los combustibles fósiles en nombre de la política climática, los precios de la electricidad industrial han aumentado hasta situarse aproximadamente en el doble de los niveles de Estados Unidos y alrededor de un 50 % por encima de los de China. El año pasado, la producción de acero cayó a su nivel más bajo desde 1960. ThyssenKrupp está recortando 11.000 puestos de trabajo en su división de acero, y ese es solo un ejemplo. Esta desindustrialización es incompatible con una defensa y una soberanía sólidas.
Las capacidades militares de la OTAN dependen no solo de los presupuestos y del número de tropas, sino también de los suministros energéticos y de la base industrial que las sustenta. La estrategia neerlandesa reconoce implícitamente que la preparación operativa comienza con la seguridad energética.
Estados Unidos ha reforzado su posición estratégica mediante una abundante producción nacional de petróleo y gas, que respalda tanto el crecimiento económico como la capacidad de proyectar poder militar. Mientras tanto, Europa se niega a aprovechar plenamente sus reservas energéticas nacionales y se aferra a políticas económicamente destructivas que solo pueden debilitar la seguridad de Occidente.
La lección de la Energy Security Roadmap neerlandesa es que la seguridad energética es un requisito previo para la seguridad nacional. Una alianza que busca disuadir a sus adversarios y mantener su soberanía no puede permitirse ignorar esa conexión.
Este comentario fue publicado originalmente en Daily Signal el 26 de agosto de 2026.

Samuel Furfari
Samuel Furfari es ingeniero y doctor por la Universidad de Bruselas. Es profesor de geopolítica y política energética. Durante 36 años fue funcionario de alto nivel en la Dirección General de Energía de la Comisión Europea. Es autor de numerosos libros.
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