How Roger Pielke Jr. Became Voldemort in Climate Science
El científico climático y académico especializado en políticas públicas Roger Pielke Jr. sostiene que el debate climático se ha ido alejando cada vez más de la evidencia subyacente. En una extensa entrevista en el programa Love Journalism, Pielke habló sobre los fenómenos meteorológicos extremos, los escenarios climáticos, la descarbonización, la política energética, la polarización política, el periodismo y su transición del ámbito académico a convertirse en uno de los autores sobre clima más leídos de Substack.
Pielke, a senior fellow at the American Enterprise Institute and author of The Honest Broker Substack, now has more than 40,000 subscribers in 174 countries. He says the audience is politically diverse and highly educated, and that writing publicly has become an integral part of how he develops his ideas. He publishes two or three times a week, but writes considerably more than he publishes. “Writing is how I think,” he explains, describing the interaction with readers as a form of extended peer review.
You can see the full interview here:
El enfoque de Pielke refleja lo que se ha convertido en un tema central de su trayectoria profesional: resistirse a las narrativas simples y políticamente convenientes y, en su lugar, examinar lo que realmente muestran los datos. Afirma que, a medida que las personas adquieren más conocimientos sobre un tema, el mundo se presenta cada vez más en “tonos de gris” en lugar de blanco y negro. En una época en la que casi todos los asuntos se presentan como una batalla entre la izquierda y la derecha, Pielke considera que existe un público considerable para los matices, incluso cuando las conclusiones no coinciden con las preferencias políticas de los lectores.
Fenómenos meteorológicos extremos y el problema de la atribución
Gran parte de la entrevista se centró en los fenómenos meteorológicos extremos, un tema que Pielke estudia desde la década de 1990. Su interés comenzó durante una estancia posdoctoral en el National Center for Atmospheric Research, donde su mentor le mostró una portada de Newsweek de 1996 que relacionaba los huracanes, las inundaciones y las tormentas de nieve con el calentamiento global. Pielke afirma que, incluso en aquel momento, muchas de las afirmaciones sobre el empeoramiento de los fenómenos meteorológicos extremos no se correspondían con los datos disponibles.
Posteriormente, sus investigaciones demostraron que el aumento de los costos económicos de los desastres se explicaba en gran medida por el crecimiento de la población, la riqueza y el desarrollo en zonas expuestas a peligros naturales, y no necesariamente por cambios en la frecuencia o intensidad de esos fenómenos. Su trabajo se volvió especialmente controvertido después del huracán Katrina y del estreno de Una verdad incómoda, de Al Gore, en 2006.
Pielke recuerda que ese fue el momento en que los fenómenos meteorológicos extremos se convirtieron en el rostro público del cambio climático. Las organizaciones medioambientales y los financiadores reconocieron que las proyecciones abstractas sobre futuros cambios de temperatura eran difíciles de comunicar, mientras que los huracanes, los incendios forestales y las inundaciones ofrecían imágenes poderosas. En consecuencia, su investigación se volvió incómoda porque no encajaba con la narrativa que estaba surgiendo.
Esa experiencia terminó convirtiendo a Pielke en un objetivo para activistas medioambientales y algunos periodistas. Sin embargo, insiste en que su trabajo siempre ha estado firmemente situado dentro de la corriente científica predominante. El IPCC cita sus investigaciones, señala, y sus estudios son sometidos a revisión por pares. “Mi trabajo está justamente en el núcleo del consenso científico”, afirma.
Ahora ha creado un Panel de Fenómenos Meteorológicos Extremos y Cambio Climático en línea, en parte como respuesta a la eliminación de información climática federal por parte de la administración Trump. Utilizando conjuntos de datos gubernamentales, el panel realiza un seguimiento de 32 indicadores, distribuidos en siete categorías de fenómenos meteorológicos extremos. Su objetivo es proporcionar a periodistas, responsables políticos y al público acceso directo a la evidencia subyacente, en lugar de obligarlos a depender de estudios individuales o titulares sensacionalistas.
Es importante señalar que Pielke afirma que los datos son coherentes con la evaluación del IPCC sobre los fenómenos meteorológicos extremos. Rechaza la idea de que su panel represente una alternativa a la ciencia climática convencional: los datos proceden de fuentes gubernamentales oficiales y “el Grupo de Trabajo I del IPCC es perfectamente coherente con estos datos oficiales”.
“El cambio climático no es una causa”
Pielke también cuestiona una de las formulaciones más comunes en la cobertura climática actual: preguntar si una determinada ola de calor, incendio forestal o huracán fue “causado por el cambio climático”.
Considera que esta formulación es científicamente engañosa porque el cambio climático es una descripción estadística, no un agente causal independiente. Los gases de efecto invernadero, los aerosoles o los cambios en el uso del suelo pueden influir en el tiempo y el clima, pero “el cambio climático no es la causa”.
Esta distinción puede parecer técnica, pero Pielke la considera importante para las políticas públicas. Si cada fenómeno extremo se atribuye automáticamente al cambio climático, los gobiernos pueden desviar fácilmente la conversación de las medidas prácticas que podrían reducir la vulnerabilidad ante los desastres actuales. Un político que responda a los incendios forestales diciendo que “tenemos que hacer algo contra el cambio climático”, sostiene, puede estar evitando la cuestión más inmediata de cómo reducir la exposición al riesgo de incendios.
Mientras tanto, el público suele apoyar en principio la acción climática, pero se muestra menos entusiasta cuando se introducen costos concretos. Pielke señala encuestas que muestran un fuerte apoyo a “hacer algo” frente al cambio climático, pero un respaldo mucho menor a pagar siquiera 10 dólares adicionales al mes en la factura de electricidad para alcanzar ese objetivo.
La política climática no ha acelerado la descarbonización
El escepticismo de Pielke no está dirigido contra la descarbonización en sí misma. Afirma explícitamente que apoya una descarbonización profunda. Su objeción se dirige a la idea de que las políticas climáticas existentes sean las responsables del progreso que se ha producido.
Señala el descenso a largo plazo de las emisiones de dióxido de carbono por unidad de PIB. Este descenso se ha mantenido durante aproximadamente seis décadas, pero, según Pielke, su ritmo no se ha acelerado de manera perceptible después de importantes iniciativas de política climática como el Protocolo de Kioto, el Acuerdo de París, las propuestas estadounidenses de comercio de emisiones (cap-and-trade) o la Ley de Reducción de la Inflación (Inflation Reduction Act).
En cambio, identifica cambios estructurales en el sistema energético —incluida la expansión del gas natural y el desplazamiento del carbón, junto con el crecimiento de la energía eólica y solar— como factores importantes. Su conclusión es deliberadamente provocadora: no existe evidencia clara de que la política climática haya acelerado el ritmo subyacente de descarbonización.
Para Pielke, esto debería llevar a una reevaluación, en lugar de redoblar los esfuerzos en las políticas existentes. La pregunta central es por qué los responsables políticos esperarían que “hacer más de lo mismo” produjera un resultado diferente.
La energía debería volver a ser el eje central
Pielke considera que Estados Unidos también ha cometido un error conceptual al permitir que la política climática absorba a la política energética. La política energética, sostiene, afecta directamente a todas las personas, aunque de manera diferente dependiendo de dónde vivan. La política climática, en cambio, se ha convertido en un asunto político altamente polarizado y cada vez más abstracto.
Defiende una estrategia energética de “todo lo anterior”, en la que la energía eólica, solar, nuclear y el gas natural desempeñen un papel, mientras que el carbón tenga un papel mucho menor. La clave, afirma, no es elegir ganadores y perdedores tecnológicos. “La energía eólica tiene su lugar. La solar tiene su lugar. La nuclear tiene su lugar. El gas natural tiene su lugar”, señala.
El renovado crecimiento de la demanda de electricidad podría obligar a devolver este enfoque más amplio a la agenda política. Los centros de datos y la inteligencia artificial están aumentando la demanda, mientras que la electrificación de la calefacción y el transporte podría incrementarla considerablemente más. Durante años, Estados Unidos pudo asumir que la demanda de electricidad permanecería relativamente estable. Esa época, sostiene Pielke, está llegando a su fin.
El resultado podría ser un debate más saludable, en el que la asequibilidad, la expansión energética, el crecimiento económico y la reducción de emisiones se consideren conjuntamente. Pielke considera esto especialmente importante porque la energía sigue siendo, fundamentalmente, un asunto regional: las necesidades de California, Texas, Wyoming y Virginia Occidental no son las mismas.
El debate olvidado sobre los escenarios climáticos
Cuando le preguntan qué aspecto de la cuestión climática recibe muy poca atención, Pielke da una respuesta llamativa: el retiro de los escenarios climáticos más extremos que han dominado la investigación climática durante décadas.
Le preocupa especialmente que escenarios que ya han sido reemplazados sigan utilizándose en la planificación local y en otras aplicaciones. Según él, la cobertura mediática del tema se ha centrado principalmente en el conflicto político en torno a los comentarios de Donald Trump sobre RCP8.5, en lugar de explicar qué son realmente estos escenarios, quién los construye y cómo influyen en instituciones como los bancos centrales.
Para Pielke, esto ilustra un problema más amplio: los medios suelen dedicar más atención al enfrentamiento político que a los detalles técnicos necesarios para comprender la ciencia climática.
Un nuevo modelo para la divulgación académica
El paso de Pielke de la academia a Substack le ha proporcionado mayor independencia. Dejó el ámbito académico en 2024 y afirma que el modelo de suscripciones de pago finalmente le permitió reemplazar una parte considerable de sus ingresos académicos. La plataforma también lo ha puesto en contacto con personas de gobiernos, empresas y organizaciones de todo el mundo a las que probablemente nunca habría llegado mediante la publicación académica tradicional.
La inteligencia artificial ha transformado aún más su trabajo. Utiliza Claude principalmente como asistente de investigación cuantitativa, empleándolo para realizar análisis estadísticos, cálculos, replicaciones y elaborar paneles de datos. Tareas que antes requerían asistentes de investigación y meses de trabajo ahora pueden completarse en cuestión de semanas.
Sin embargo, Pielke no se considera un periodista en el sentido tradicional. Aun así, considera que el periodismo y la academia comparten una misión común: acercarse gradualmente a la verdad mediante la corrección y el perfeccionamiento. Sostiene que, en ocasiones, los periodistas han sometido su trabajo a una verificación de datos más rigurosa que la revisión académica por pares.
Por ello, su mensaje general no consiste tanto en estar “a favor” o “en contra” de la acción climática, sino en restablecer una distinción entre evidencia, interpretación y política. El cambio climático es real y tiene consecuencias importantes, afirma, y reducir las emisiones es un objetivo político legítimo. Pero el debate público se vuelve menos útil cuando cada desastre se considera una prueba del cambio climático, los escenarios obsoletos se presentan como pronósticos o la identidad política determina cómo se interpreta la evidencia.
Para Pielke, el desafío consiste en hacer que las políticas climáticas y energéticas sean más empíricas, menos partidistas y más conscientes de las compensaciones que implican. Su trayectoria ha estado marcada por su negativa a simplificar cuestiones complejas por conveniencia política. En un debate cada vez más polarizado, considera que esa puede ser precisamente la razón por la que ahora existe una audiencia tan amplia para lo que él denomina los “tonos de gris”.
El domingo 11 de octubre, Roger Pielke Jr. viajará a Driebergen, Países Bajos, por invitación de Clintel, para ofrecer una extensa conferencia sobre los fenómenos meteorológicos extremos, los daños relacionados con el clima, los escenarios climáticos y la politización de la ciencia climática.
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