Carbón en ascenso: seguridad energética y realismo climático
A pesar de años de predicciones que anunciaban la pronta desaparición del carbón, el consumo mundial de este combustible continúa alcanzando máximos históricos. Vijay Jayaraj analiza por qué el aumento de la demanda de electricidad, las preocupaciones por la seguridad energética y las realidades geopolíticas están impulsando una renovada dependencia del carbón, pese a la rápida expansión de las energías renovables.
Central eléctrica de carbón junto al Gran Canal, cerca de Yangzhou, China. (Fuente: commons.wikimedia.org)
Vijay Jayaraj
29 de julio de 2026
Gran parte del debate mundial sobre la energía sigue fingiendo que el carbón está en vías de desaparecer. Esa ficción puede resultar reconfortante para los activistas, los inversores y los responsables políticos que diseñaron sus planes de transición hacia las llamadas energías limpias sin reconocer nunca las limitaciones de la energía solar y eólica. Sin embargo, la obra más reciente de Lars Schernikau y Portia Roberts, The Coal Reality That Western Policy Ignores («La realidad del carbón que la política occidental ignora»), demuestra exactamente lo contrario: el carbón no está siendo sustituido, sino que se está añadiendo al resto de las fuentes de energía.
Los datos revelan que el consumo mundial de carbón sigue acelerándose. La demanda de un suministro eléctrico fiable y de carga base impulsó el consumo hasta un máximo histórico de aproximadamente 9 mil millones de toneladas en 2025.
Este volumen representa más carbón extraído y consumido que en cualquier otro momento de la historia, superando ampliamente los niveles registrados antes de la campaña occidental de emisiones netas cero, valorada en varios billones de dólares. Solo en 2025, China puso en funcionamiento 80 gigavatios de nueva capacidad de generación eléctrica a partir de carbón, suficiente para abastecer a 60 millones de hogares.
La interrupción del suministro de gas natural licuado provocada por la guerra con Irán impulsó aún más la demanda de carbón, ya que numerosos países recurrieron a este combustible para generar electricidad. Esta necesidad estratégica provocó un fuerte aumento de los envíos de carbón a través del Pacífico. Bangladés, Japón, Filipinas, Corea del Sur, Taiwán y Vietnam incrementaron inmediatamente sus importaciones de carbón para evitar apagones, mientras que China e India encabezaron este cambio.
La demanda de carbón sigue creciendo
Aunque la instalación de fuentes de energía alternativas ha aumentado, el uso del carbón también ha crecido paralelamente. Ambas categorías de activos no compiten en un juego de suma cero, sino que se expanden simultáneamente para satisfacer una demanda cada vez mayor de electricidad y producción industrial.
Las reservas probadas de carbón del mundo —aquellos yacimientos que pueden explotarse de forma rentable con las tecnologías actuales— ofrecen un horizonte de explotación de entre 130 y 150 años con los niveles actuales de consumo. Si se tienen en cuenta las reservas geológicas aún disponibles, la Tierra dispone de suficiente carbón de antracita y carbón bituminoso para abastecerse durante muchos cientos de años.
Schernikau y Roberts también recuerdan a los lectores que el carbón ocupa un lugar central en la seguridad alimentaria. Aproximadamente una cuarta parte de la población mundial depende de fertilizantes fabricados con amoníaco derivado del carbón. Abandonar este combustible demasiado rápido pondría en riesgo no solo el suministro eléctrico, sino también la producción de alimentos y, en última instancia, vidas humanas.
La narrativa climática se desmorona
Este regreso a los combustibles sólidos fiables coincide con el esperado derrumbe de la arquitectura pseudocientífica que durante décadas sostuvo la narrativa de una supuesta crisis climática. Durante años, los escenarios de fenómenos meteorológicos extremos basados en modelos climáticos defectuosos fueron utilizados sistemáticamente por burócratas activistas para exigir el desmantelamiento de una economía basada en los hidrocarburos.
El más conocido de estos escenarios fue la Trayectoria de Concentración Representativa 8.5 (RCP 8.5), junto con su variante complementaria, la RCP 7.0. El consenso internacional sobre modelización ha abandonado formalmente estos escenarios, al confirmar que la RCP 8.5 es oficialmente «inverosímil». Los escenarios apocalípticos utilizados para alarmar a la opinión pública y presionar a los mercados financieros nunca estuvieron sustentados en datos del mundo real.
El marco institucional diseñado para privar de capital de inversión a los sectores energéticos convencionales se está desmoronando ante nuestros ojos. La campaña empresarial en favor de los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) ha sufrido un importante retroceso a escala mundial. Consorcios internacionales de inversión, liderados por gigantes institucionales como BlackRock, han desmantelado discretamente o rebajado considerablemente sus estrictos compromisos climáticos. Asimismo, grupos bancarios internacionales y asociaciones mundiales del sector de la aviación han cancelado o suavizado sus ambiciosos calendarios de emisiones netas cero.
¿Por qué el carbón sigue siendo importante?
La idea de una transición rápida e indolora que abandone los hidrocarburos ha chocado de frente con las leyes de la física y las necesidades geopolíticas. Las tecnologías de generación eléctrica dependientes de las condiciones meteorológicas no pueden mantener en funcionamiento las acerías, impulsar la industria pesada ni garantizar el abastecimiento alimentario nacional. El establishment climático puede seguir escribiendo el obituario del carbón, pero el mercado sigue devolviéndolo a la vida porque no existe ningún sustituto que iguale su escala, fiabilidad y disponibilidad.
Dejemos de fingir que cada aumento de las energías renovables implica una disminución del uso del carbón. Dejemos de utilizar escenarios extremos para asustar a la población y lograr que acepte políticas que no responden a las necesidades de las economías en crecimiento. Y dejemos de decir a los países en desarrollo que deben sacrificar un suministro energético fiable en nombre de modelos predictivos que ya no inspiran confianza.
Este comentario de Vijay Jayaraj fue publicado originalmente por PJ Media el 15 de julio de 2026 bajo el título “Seguridad energética y realismo climático impulsan el resurgimiento del carbón”. El equipo editorial de Clintel añadió algunos subtítulos para facilitar la lectura.
Vijay Jayaraj
Vijay Jayaraj es investigador asociado en Ciencia e Investigación de la Coalición CO2, con sede en Fairfax, Virginia. Posee una maestría en Ciencias Ambientales por la Universidad de East Anglia y un posgrado en Gestión de la Energía por la Universidad Robert Gordon, ambas en el Reino Unido, además de una licenciatura en Ingeniería por la Universidad Anna (India). También fue investigador asociado en la Unidad de Investigación sobre el Cambio de los Océanos de la Universidad de Columbia Británica (Canadá).
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