Thomas Kurz: Por qué no existe una crisis climática
“No existe una emergencia climática”, afirma la Declaración Mundial sobre el Clima de Clintel. Thomas Kurz es el autor de un próximo libro centrado precisamente en ese tema. Recientemente habló sobre ello en el podcast de Tom Nelson.
En un episodio reciente del podcast de Tom Nelson, Thomas Kurz —analista con experiencia en espectrometría de masas— habló sobre sus investigaciones en ciencia climática y presentó un adelanto de su próximo libro Why There Is No Climate Crisis, cuyo lanzamiento digital está previsto para este mes, seguido de una edición impresa en junio.
Puedes ver la conversación completa a continuación:
Kurz explica que su investigación comenzó por curiosidad personal, tras conversaciones con amigos preocupados por el clima. Lo que empezó como una investigación abierta terminó convirtiéndose, según él, en la firme convicción de que las narrativas predominantes sobre una crisis climática están exageradas: “Cuanto más investigaba, más sorprendido estaba de que no exista una crisis climática”.
Ciclos climáticos
Kurz presenta su libro como una síntesis de literatura revisada por pares que, en su opinión, cuestiona las interpretaciones dominantes promovidas por instituciones como el IPCC. Aunque el libro aborda una amplia variedad de temas —incluyendo gases de efecto invernadero, mecanismos de retroalimentación y temperaturas oceánicas—, este podcast se centra específicamente en los ciclos climáticos, que él considera fundamentales para comprender la variabilidad climática a largo plazo.
Una parte clave de la explicación de Kurz involucra la paleoclimatología, especialmente el uso de isótopos como indicadores indirectos de temperatura. Describe cómo las variaciones en los isótopos de oxígeno (oxígeno-16 y oxígeno-18) presentes en registros naturales como núcleos de hielo, anillos de árboles y sedimentos oceánicos permiten reconstruir temperaturas pasadas. La proporción entre estos isótopos refleja procesos de evaporación y precipitación dependientes de la temperatura. Según Kurz: “si observas la proporción de oxígeno 16 respecto al 18, obtienes un indicador de la temperatura del agua”, lo que hace posible inferir condiciones climáticas a lo largo de grandes escalas temporales.
Más allá de estos registros terrestres, Kurz introduce influencias cósmicas sobre el clima, especialmente el papel de los rayos cósmicos galácticos. Estos rayos, producidos por supernovas, varían según la posición del sistema solar dentro de la Vía Láctea. Kurz afirma que, aproximadamente cada 140 millones de años, la Tierra atraviesa los brazos espirales de la galaxia, aumentando el flujo de rayos cósmicos. Destaca investigaciones que, según él, correlacionan este fenómeno con fluctuaciones de temperatura, argumentando que los rayos cósmicos influyen en la formación de nubes al generar iones que actúan como núcleos de condensación. Una mayor cobertura nubosa reflejaría más radiación solar y enfriaría el planeta. Según Kurz, este mecanismo ofrece una explicación alternativa para los grandes ciclos climáticos.
Milankovitch
Kurz también analiza ciclos climáticos de menor duración, incluidos los ciclos de Milankovitch, que implican variaciones en la órbita terrestre, la inclinación del eje y la precesión. Estos ciclos, que ocurren a lo largo de decenas a cientos de miles de años, son ampliamente aceptados en la ciencia climática como impulsores de las eras glaciales. Kurz enfatiza que estos ciclos naturales explican las fluctuaciones históricas de temperatura y sostiene que el dióxido de carbono desempeña un papel secundario. Utiliza una analogía para ilustrar esta idea: “si dejas [una Coca-Cola] al sol caliente, va a perder la carbonatación… eso es la ley de Henry”. En otras palabras, afirma que los cambios de temperatura impulsan los niveles de CO2, y no al revés.
Para respaldar esta afirmación, Kurz cita estudios que muestran que los aumentos de temperatura preceden a los incrementos del CO2 atmosférico por varios cientos de años. Argumenta que este desfase indica que la causalidad va de la temperatura hacia el CO2, y no en sentido contrario. También sostiene que el efecto de forzamiento radiativo del CO2 es relativamente pequeño en comparación con las variaciones naturales de temperatura observadas en los registros paleoclimáticos.
Variabilidad solar
Otro tema importante de la conversación es la variabilidad solar. Kurz describe varios tipos de ciclos solares, incluido el ciclo de Schwabe de 11 años y ciclos más largos de escala milenaria identificados mediante análisis isotópicos (como carbono-14 y berilio-10). Según él, estos ciclos coinciden estrechamente con períodos climáticos históricos conocidos, como el Período Cálido Romano, el Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo. Sostiene que las fluctuaciones en la actividad solar influyen significativamente en el clima terrestre, aunque reconoce que las mediciones satelitales de corto plazo muestran solo cambios modestos de temperatura.
Kurz pasa luego a evidencias históricas y geológicas que, según él, respaldan la variabilidad climática. Presenta datos de glaciares, líneas arbóreas, niveles del mar y capas de sedimentos, argumentando que estos registros independientes reflejan de manera consistente los mismos patrones cíclicos. Por ejemplo, los avances y retrocesos de los glaciares coinciden con períodos cálidos y fríos conocidos, mientras que la altitud de las líneas arbóreas cambia con las variaciones de temperatura. Considera que esta convergencia de evidencias actúa como validación: “cuando ves este tipo de consistencia entre todos estos diferentes tipos de registros, para mí eso los verifica y valida a todos”.
El pódcast también explora relatos históricos sobre el impacto del clima en las sociedades humanas. Kurz sostiene que los períodos cálidos suelen ser beneficiosos, ya que conducen a temporadas de cultivo más largas, mayor productividad agrícola y prosperidad social. En contraste, los períodos fríos estarían asociados con malas cosechas, hambrunas, enfermedades y conflictos sociales. Relaciona grandes acontecimientos históricos —como el colapso de las civilizaciones de la Edad del Bronce, la caída del Imperio Romano y las crisis de la Pequeña Edad de Hielo— con un deterioro climático.
Pequeña Edad de Hielo
Por ejemplo, durante el Período Cálido Medieval, Kurz describe una época de abundancia agrícola, crecimiento poblacional y florecimiento cultural. En cambio, presenta la Pequeña Edad de Hielo como un período de dificultades marcado por inviernos severos, escasez de alimentos e inestabilidad generalizada. Cita ejemplos como ríos congelados, cosechas fallidas y registros históricos de hambrunas y plagas para ilustrar estas condiciones.
Kurz también destaca evidencias provenientes de la agricultura y la ecología, incluyendo el cultivo de plantas en regiones donde hoy no podrían crecer y cambios en los patrones migratorios de animales. Según él, estos hechos demuestran adicionalmente que los climas pasados fueron, en muchos casos, más cálidos que el actual. Subraya que estos hallazgos cuestionan la idea de que el calentamiento presente no tenga precedentes.
Al concluir su argumento, Kurz sostiene que el cambio climático está impulsado principalmente por ciclos naturales y no por la actividad humana. Afirma que el calentamiento actual encaja dentro de una larga historia de variaciones cíclicas y no representa una crisis. Como él mismo expresa: “la historia es muy consistente cuando uno profundiza en la ciencia”, reforzando su opinión de que múltiples líneas de evidencia convergen en la misma conclusión.
En general, el pódcast presenta la perspectiva de Kurz de que la variabilidad climática está dominada por procesos naturales que operan en distintas escalas temporales —desde factores cósmicos y solares hasta orbitales— y que estos procesos ofrecen una explicación más completa de los cambios climáticos observados que los factores antropogénicos por sí solos. Su próximo libro busca desarrollar estas ideas y hacerlas accesibles para un público más amplio.
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