Jacob Nordangård: La captura del mundo académico
En su reciente presentación La captura del mundo académico: el caso del cambio climático, realizada para el Simposio Omniwar, el investigador sueco Jacob Nordangård sostiene que el auge del calentamiento global antropogénico como explicación dominante del cambio climático estuvo determinado por influyentes fundaciones filantrópicas, instituciones de investigación y redes políticas.
Basándose en su investigación doctoral y en sus libros sobre la gobernanza global, Nordangård describe una evolución que va desde la década de 1950 hasta la agenda internacional de sostenibilidad de 2026. Su argumento central es que determinadas redes ayudaron a establecer las prioridades de investigación, promover interpretaciones específicas de la ciencia del clima y marginar explicaciones alternativas, especialmente aquellas que destacan la variabilidad natural del clima. Considera que la política climática forma parte de una ambición más amplia de establecer sistemas internacionales para gestionar los recursos humanos y naturales.
Puedes ver la presentación completa a continuación:
La red Rockefeller
Nordangård comenzó a investigar la historia del cambio climático durante sus estudios de doctorado. Al examinar las afiliaciones, la financiación y las conexiones ideológicas de las personas e instituciones involucradas, afirma haber descubierto que la red filantrópica Rockefeller ocupaba una posición central.
La Fundación Rockefeller, creada en 1913, y el Fondo de los Hermanos Rockefeller, fundado en 1940, apoyaron universidades, institutos de investigación, conferencias e iniciativas internacionales. Nordangård sostiene que esta extensa red permitió a las fundaciones influir en la dirección de la investigación científica durante varias décadas.
Destaca una declaración incluida en el informe anual de 2005 del Fondo de los Hermanos Rockefeller: «Ahí radica nuestra oportunidad». El informe describía el cambio climático como un problema que afectaba prácticamente todos los aspectos de la sociedad, desde la energía y las inversiones hasta la seguridad y la agricultura.
Para Nordangård, este lenguaje revela cómo el cambio climático llegó a considerarse algo más que un problema ambiental. Sostiene que ofrecía una oportunidad para transformar los sistemas económicos y políticos, posiblemente mediante nuevos mecanismos financieros basados en la contabilidad del carbono.
De hipótesis científica a prioridad política
Nordangård sitúa los orígenes del calentamiento global antropogénico en el físico sueco Svante Arrhenius, quien propuso que el dióxido de carbono atmosférico podía influir en las temperaturas globales. El ingeniero británico Guy Callendar desarrolló ideas similares en la década de 1930 y sostuvo que la quema de combustibles fósiles había contribuido al calentamiento desde finales del siglo XIX.
Al principio, estas ideas recibieron poca atención. Según Nordangård, la creciente preocupación por el medioambiente, la investigación militar y los avances en la tecnología informática ayudaron a incorporar este tema a la corriente principal de la ciencia.
El oceanógrafo Roger Revelle, vinculado al Instituto Scripps de Oceanografía, en California, se convirtió en una figura importante de este proceso. El físico Gilbert Plass también llamó la atención con sus investigaciones sobre los efectos climáticos del dióxido de carbono. Mientras tanto, Charles Keeling comenzó a medir el CO2 atmosférico en el Observatorio de Mauna Loa, en Hawái, en 1958, y estableció un registro que documentaba el aumento de sus concentraciones.
Nordangård destaca la importancia de la financiación institucional y militar en estos avances. También resalta el creciente papel de los modelos informáticos para calcular los posibles efectos del aumento de las concentraciones de CO2. Según su interpretación, la agenda de investigación se centró cada vez más en el calentamiento provocado por las actividades humanas, mientras que las explicaciones naturales de la variabilidad climática recibieron menos atención.
Población y gestión global de los recursos
Un aspecto de la presentación de Nordangård se refiere a las conexiones históricas entre el pensamiento ambiental, las políticas de población y la eugenesia.
Describe una conferencia sobre problemas demográficos celebrada en 1952, a la que asistieron científicos influyentes y defensores del control de la población. Los debates contribuyeron a la creación del Consejo de Población, que buscaba abordar la relación entre el crecimiento demográfico y los recursos disponibles.
Nordangård sostiene que las preocupaciones por la población, la escasez de recursos y los límites ambientales quedaron entrelazadas con la agenda climática emergente. También destaca el Proyecto de Estudios Especiales del Fondo de los Hermanos Rockefeller, realizado entre 1956 y 1960, que reunió a figuras destacadas del mundo académico, empresarial y gubernamental para analizar los desafíos que enfrentaba Estados Unidos.
Una idea clave era que los problemas que trascendían las fronteras nacionales requerían cooperación internacional. Nordangård señala al matemático John von Neumann, quien anticipó que la intervención en los procesos atmosféricos y climáticos podría tener, con el tiempo, consecuencias que fueran más allá de cada país.
Para Nordangård, estos debates anticiparon el desarrollo de una gobernanza ambiental global. Sostiene que el cambio climático se convirtió en un medio para impulsar la coordinación internacional en asuntos que tradicionalmente habían sido gestionados por los gobiernos nacionales.
Establecimiento del marco climático internacional
Durante las décadas de 1960 y 1970, el cambio climático apareció cada vez más en los debates políticos. En 1965, el presidente estadounidense Lyndon B. Johnson advirtió sobre los posibles efectos de las emisiones de dióxido de carbono procedentes de los combustibles fósiles.
Sin embargo, la opinión científica todavía no era unánime. Algunos investigadores analizaron si los aerosoles procedentes de la quema de combustibles fósiles podían contribuir al enfriamiento, mientras que otros destacaron los efectos de calentamiento del CO2.
Nordangård sostiene que el equilibrio fue inclinándose gradualmente hacia la explicación del calentamiento antropogénico, a medida que instituciones influyentes coordinaban investigaciones y promovían respuestas políticas internacionales.
La primera Conferencia Mundial sobre el Clima, convocada en Ginebra en 1979 por la Organización Meteorológica Mundial, pidió que se realizaran esfuerzos para anticipar y prevenir los posibles cambios climáticos perjudiciales provocados por las actividades humanas. Posteriormente, una conferencia celebrada en Villach, Austria, en 1985 impulsó propuestas de investigación coordinada, planificación para posibles contingencias y una posible convención internacional sobre los gases de efecto invernadero.
Nordangård destaca el papel del meteorólogo sueco Bert Bolin y del ecólogo británico Gordon Goodman, junto con la financiación de organizaciones filantrópicas Rockefeller. Sostiene que estas conexiones ayudaron a trasladar el cambio climático del ámbito de la investigación científica al terreno político.
Un momento decisivo llegó en junio de 1988, cuando el científico de la NASA James Hansen declaró ante el Senado de Estados Unidos que el calentamiento global podía atribuirse, con un 99% de certeza, al aumento del efecto invernadero causado por la actividad humana. Nordangård cuestiona las circunstancias de la audiencia y alega que el senador Timothy Wirth organizó deliberadamente que se celebrara en un día inusualmente caluroso y que se desactivó el aire acondicionado para aumentar su impacto.
Ese mismo año, la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente crearon el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), cuyo primer presidente fue Bolin. La Asamblea General de las Naciones Unidas también declaró que la protección del clima era una preocupación común de la humanidad.
Nordangård considera que 1988 fue el punto de inflexión en el que el cambio climático quedó firmemente establecido como una prioridad de la política internacional. Sostiene que la investigación sobre el calentamiento provocado por las actividades humanas adquirió autoridad institucional, mientras que las explicaciones alternativas basadas en la variabilidad natural fueron cada vez más marginadas.
Del IPCC a la gobernanza global
El marco internacional se amplió durante la década de 1990. En la Cumbre de la Tierra de 1992, celebrada en Río de Janeiro, 154 países firmaron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que estableció las bases para la cooperación internacional en materia de concentraciones de gases de efecto invernadero.
Nordangård relaciona este avance con iniciativas más amplias de gestión ambiental global. Destaca el proyecto Polestar, lanzado en 1991 con el apoyo de la Fundación Rockefeller y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Este proyecto utilizaba escenarios informáticos para explorar cómo podría lograrse una civilización global sostenible mediante la gestión coordinada del sistema terrestre.
Considera que los avances posteriores, entre ellos la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y el Acuerdo de París, constituyen nuevos pasos hacia este marco internacional.
El creciente peso del consenso climático es otro tema central. En 2006, el Fondo de los Hermanos Rockefeller declaró que la ciencia del calentamiento global estaba resuelta y que ya no valía la pena debatirla. El documental de Al Gore Una verdad incómoda, estrenado ese mismo año, ayudó a situar el cambio climático en el centro de la política internacional. Gore y el IPCC recibieron el Premio Nobel de la Paz en 2007.
Nordangård sostiene que este consenso cada vez más amplio dificultó progresivamente cuestionar las interpretaciones establecidas sin ser calificado de escéptico o negacionista del cambio climático.
Cita la controversia Climategate de 2009, relacionada con la filtración de correos electrónicos de la Unidad de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia, como prueba de problemas relacionados con la transparencia científica y el trato hacia los escépticos. Los críticos denunciaron prácticas de investigación cuestionables e intentos de obstaculizar a los investigadores discrepantes. Las investigaciones posteriores no confirmaron todas las acusaciones, pero Nordangård considera que el episodio refleja problemas institucionales más profundos.
El futuro digital de la gobernanza climática
En la parte final de su presentación, Nordangård examina los acontecimientos posteriores a 2020. Sostiene que la política climática está cada vez más vinculada a la vigilancia digital, la coordinación internacional y las propuestas para establecer una gobernanza global más amplia.
Analiza el informe de las Naciones Unidas de 2021 Nuestra Agenda Común, que pedía una cooperación internacional más sólida para abordar los desafíos globales, así como el posterior Pacto para el Futuro. También destaca los documentos de políticas publicados en abril de 2026 por la Comisión de Gobernanza Climática, respaldada por Rockefeller.
Estas propuestas incluyen la vigilancia internacional del sistema terrestre y mecanismos para responder a emergencias planetarias. Nordangård las interpreta como una continuación de una ambición que lleva décadas desarrollándose: crear sistemas globales para gestionar los asuntos ambientales y humanos, con tecnologías digitales que podrían permitir una supervisión y coordinación más amplias.
Conclusión
Nordangård concluye que las redes filantrópicas y científicas vinculadas a Rockefeller ejercieron una influencia considerable en el desarrollo del cambio climático antropogénico como una preocupación dominante en la investigación y las políticas públicas. Sostiene que esta influencia se ejerció mediante la financiación, el desarrollo institucional, las conferencias científicas, las campañas mediáticas y las iniciativas políticas internacionales.
Su preocupación más amplia es que el mundo académico se ha alineado demasiado estrechamente con una agenda política, lo que ha debilitado su independencia y su disposición a considerar explicaciones alternativas. Considera que la historia de la ciencia del clima demuestra cómo las prioridades de financiación y las redes institucionales pueden determinar qué preguntas reciben atención y qué interpretaciones adquieren autoridad.
La presentación plantea preguntas importantes sobre la relación entre la investigación científica, la filantropía y el poder político. La advertencia central de Nordangård es que las instituciones científicas deben mantener la transparencia, estar abiertas a las críticas y mostrarse receptivas a hipótesis alternativas. Desde su perspectiva, preservar la independencia académica es esencial para garantizar que la ciencia siga centrada en evaluar las pruebas, en lugar de servir a objetivos políticos predeterminados.
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