Jonathan Cohler: «El aumento del CO2 atmosférico no es causado por los seres humanos»

Jonathan Cohler: «El aumento del CO2 atmosférico no es causado por los seres humanos»

Jonathan Cohler: «El aumento del CO2 atmosférico no es causado por los seres humanos»

El físico Jonathan Cohler ha presentado un controvertido e inflexible cuestionamiento a una de las premisas centrales de la ciencia y las políticas climáticas modernas. Sostiene que el aumento del dióxido de carbono atmosférico durante las últimas décadas no se debe a las emisiones humanas, sino que es el resultado de procesos naturales.

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Karl Iver Dahl-Madsen en la conferencia EIKE sobre cambio climático y seguridad alimentaria

Jonathan Cohler durante su presentación (a distancia) para EIKE.

Clintel Foundation
5 de septiembre de 2026

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La conclusión a la que llegó el físico e investigador de inteligencia artificial Jonathan Cohler en su reciente presentación —realizada por videoconferencia— durante la conferencia de EIKE en Halle fue clara. Sostuvo que el aumento del CO2 atmosférico se debe principalmente a procesos naturales, mientras que la contribución de la quema de combustibles fósiles es insignificante. Su argumento se basa principalmente en un análisis de la disminución del carbono-14 atmosférico provocada por las pruebas de armas nucleares.

Puedes ver la presentación completa a continuación:

La presentación de Cohler para EIKE no se limitó al CO2. Afirma haber refutado una cadena de supuestos mutuamente reforzados realizados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Sostuvo que la temperatura media global de la superficie, los modelos climáticos, el contenido de calor de los océanos y el supuesto desequilibrio energético de la Tierra son físicamente irrelevantes o no están suficientemente respaldados por las observaciones. El último eslabón de esta cadena, afirmó, es la atribución del IPCC del aumento de los niveles de CO2 atmosférico a las actividades humanas.

La prueba de las bombas nucleares como experimento natural

Sus hallazgos más importantes sobre el CO2 atmosférico proceden de lo que denominó el «experimento del radiocarbono de las bombas». Entre 1955 y 1963, las pruebas atmosféricas de armas nucleares duplicaron la cantidad del isótopo carbono-14 —químicamente idéntico a otros átomos de carbono y también conocido como radiocarbono— presente en la atmósfera, dentro de las moléculas de CO2. Casi todos los átomos de carbono presentes en la atmósfera se encuentran en moléculas de CO2.

Después de que finalizaran las pruebas nucleares atmosféricas, el exceso de radiocarbono en la atmósfera comenzó a disminuir. Debido a que el «pulso» inicial se generó de manera repentina y su posterior desaparición pudo medirse durante décadas, Cohler considera que los datos de radiocarbono procedentes de las bombas atómicas constituyen un experimento natural excepcionalmente claro.

«La atmósfera nos proporcionó la respuesta», afirmó.

Cohler y su coautor, Willie Soon, analizaron mediciones de radiocarbono que abarcan más de cinco décadas. Concluyeron que el exceso de radiocarbono sigue una disminución monoexponencial casi perfecta, con una escala temporal característica de aproximadamente 18,4 años. Cohler contrasta este resultado con las escalas temporales considerablemente más largas utilizadas en los modelos del ciclo del carbono del IPCC.

Esta diferencia es fundamental para su argumento. Los cálculos del ciclo del carbono del IPCC utilizan funciones de respuesta al impulso con múltiples componentes exponenciales y un componente permanente de CO2 atmosférico. Por lo tanto, estos modelos implican que una parte significativa de las emisiones permanece en la atmósfera durante siglos o incluso milenios.

Cohler sostiene que las observaciones del radiocarbono procedente de las bombas atómicas no respaldan la existencia de un componente atmosférico de tan larga duración. También señala que las escalas temporales características y las fracciones permanentes de los modelos del ciclo del carbono publicados por el IPCC han cambiado considerablemente entre los distintos informes de evaluación. Desde su perspectiva, estos cambios demuestran que los parámetros se basan más en supuestos de los modelos que en propiedades inmutables del ciclo del carbono.

La comparación más llamativa surgió al analizar la cantidad de radiocarbono que permanecía después de 54 años. Según Cohler, los modelos del IPCC predicen que entre el 33% y el 48% de un pulso permanecería en la atmósfera, mientras que la señal de radiocarbono observada procedente de las bombas atómicas indica que solo permanece aproximadamente un 4%.

Para Cohler, no se trata simplemente de ajustar un modelo. Lo considera una evidencia de que la estructura matemática del modelo presenta errores fundamentales.

Flujos de carbono en paralelo frente a flujos en serie

La crítica de Cohler va más allá de los parámetros numéricos. Sostiene que los modelos del ciclo del carbono del IPCC representan los reservorios de carbono mediante una configuración física incorrecta.

El enfoque del IPCC, argumenta, trata esencialmente la atmósfera como un sistema de múltiples reservorios que funcionan en paralelo, cada uno con su propio tiempo de disminución. Sin embargo, según Cohler, el ciclo físico del carbono funciona principalmente en serie: el carbono pasa de la atmósfera a la superficie del océano, de allí a capas más profundas y, finalmente, al océano profundo.

Esta diferencia, sostiene, conduce a comportamientos matemáticos radicalmente distintos. Según su interpretación, la «cola larga» presente en los modelos del IPCC no es un fenómeno observado en la naturaleza, sino el producto de la arquitectura matemática impuesta al ciclo del carbono.

Este es el núcleo de la crítica más amplia de Cohler al concepto de presupuestos acumulativos de carbono. Si una emisión no permanece en la atmósfera durante siglos o milenios, argumenta, entonces la justificación para considerar las emisiones actuales como una acumulación atmosférica a largo plazo cambia fundamentalmente.

Los isótopos del carbono proporcionan una segunda prueba

Posteriormente, Cohler abordó las mediciones del isótopo carbono-13, que presentó como una prueba independiente del análisis del radiocarbono. Las diferentes fuentes de CO2 presentan distintas firmas isotópicas. Los combustibles fósiles contienen relativamente menos carbono-13, mientras que las fuentes naturales, como la respiración terrestre y la liberación de gases desde los océanos, presentan firmas diferentes. Si las emisiones procedentes de combustibles fósiles fueran responsables de una parte significativa del aumento neto del CO2 atmosférico, argumenta Cohler, la composición isotópica del aporte neto tendría que volverse progresivamente más negativa, es decir, contener cada vez menos carbono-13.

Cohler citó un análisis de Demetris Koutsoyiannis que incluyó mediciones realizadas en cuatro estaciones de monitoreo atmosférico de ambos hemisferios durante cuatro décadas, entre 1978 y 2022. Según Cohler, la firma isotópica del aporte neto de CO2 se mantuvo aproximadamente constante, sin mostrar una tendencia significativa. Argumenta que esto es incompatible con la idea de que la quema de combustibles fósiles sea la causa principal del aumento observado.

La tercera evidencia presentada por Cohler es un cálculo de balance de masa. Comparó el aumento del CO2 atmosférico con los flujos totales de carbono naturales y antropogénicos. Según Cohler, durante el período estudiado, el aporte anual de CO2 aumentó de aproximadamente 179 gigatoneladas a 241 gigatoneladas. La contribución antropogénica aumentó de aproximadamente el 2,5% al 4,7% del flujo total, mientras que el aporte natural aumentó más del 30%. Para Cohler, resulta especialmente importante que el flujo natural siguiera muy de cerca la masa de CO2 atmosférico durante el período analizado.

Sostiene que estos tres enfoques independientes —la disminución del radiocarbono producido por las bombas atómicas, la firma del carbono-13 del aporte neto y el balance de masa— conducen a la misma conclusión:

«El aumento de los niveles de CO2 atmosférico durante 62 años es de origen natural», explicó al público. «La contribución humana a este aumento es insignificante».

Un cuestionamiento de los fundamentos de la atribución climática

Sin embargo, Cohler situó el debate sobre el CO2 dentro de una crítica más amplia al IPCC. Su presentación se estructuró en torno a cinco «puntos clave» que, según él, forman una cadena circular. En primer lugar, cuestionó la temperatura media global de la superficie, que, según Cohler, no es una magnitud físicamente significativa, ya que la temperatura es una propiedad intensiva y la atmósfera, los océanos y la superficie terrestre forman un sistema heterogéneo y fuera del equilibrio.

Partiendo de esta premisa, criticó el proceso de calibración de los modelos climáticos y sostuvo que estos se ajustan para reproducir una magnitud que no cuenta con una definición física inequívoca.

Posteriormente cuestionó las estimaciones del IPCC sobre el contenido de calor de los océanos, especialmente aquellas derivadas del sistema de observación Argo, y argumentó que el supuesto desequilibrio energético de la Tierra es indistinguible de cero una vez que se tienen adecuadamente en cuenta las incertidumbres de medición y muestreo.

Estas afirmaciones son relevantes para su argumento sobre el CO2 porque Cohler considera que todo el modelo de atribución climática es circular. Los modelos se calibran utilizando datos calculados de temperatura global. Posteriormente, se emplean para estimar el forzamiento radiativo y el balance energético. Estas cantidades se utilizan después para atribuir el calentamiento a los gases de efecto invernadero.

Los modelos del ciclo del carbono constituyen el último eslabón de la cadena. Si describen de manera incorrecta la permanencia del CO2 en la atmósfera, argumenta Cohler, entonces los cálculos resultantes del potencial de efecto invernadero, los presupuestos de carbono y las trayectorias hacia las emisiones netas cero pierden su fundamento físico.

Un desafío con consecuencias de gran alcance

Por lo tanto, la presentación fue mucho más allá del debate sobre la magnitud exacta de la influencia humana en el CO2 atmosférico. Cohler presentó una tesis mucho más fundamental: la narrativa causal predominante que sustenta las políticas climáticas actuales se basa en supuestos matemáticos que contradicen las observaciones directas. Otra cuestión es si esta interpretación resistirá el escrutinio crítico de la comunidad científica en general.

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By |2026-09-05T11:10:41-07:005 September 2026|Climate Change|0 Comments

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