Lucy Biggers: Cómo me convertí en una reportera climática sesgada
Como joven periodista, Lucy Biggers quería hacer el bien, pero poco a poco perdió la confianza en su propio criterio. Ahora cuenta cómo la presión del grupo, la culpa y el miedo a ser excluida influyeron en su cobertura del clima.
Lucy Biggers tenía 25 años cuando se incorporó a NowThis News en 2015. Entró en una redacción joven y progresista y quería formar parte de ella. Diez años después, describe cómo ese entorno la convirtió en lo que ella misma denomina «una reportera climática extremadamente sesgada».
Durante años, Biggers estuvo profundamente involucrada en el movimiento climático. Pasó tiempo con Greta Thunberg y trabajó con la destacada congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, más conocida como AOC. Las fotografías de Biggers con ambas mujeres dejan claro que no era una observadora externa: formaba parte del mundo que ahora examina críticamente.
Lucy con Greta en Estocolmo (2019) y con AOC (2018), fuente: The Free Press
Ahora, Biggers comparte activamente contenido de carácter climático realista en las redes sociales y cuestiona el sesgo en la cobertura climática. Tiene más de 40 000 seguidores en X y también se desempeña como directora de Redes Sociales de The Free Press.
En su reciente publicación en X, resume su transformación en tres pasos y tres breves videos que pueden verse a continuación:
- Deconstruir tu identidad
- Expiar tus pecados
- Someterte completamente a la ideología
Un grupo al que quería pertenecer
Biggers describe a sus nuevos colegas de NowThis como miembros de la «generación Tumblr» política. Apoyaban a Bernie Sanders y consideraban que la sociedad era una lucha entre los oprimidos y sus opresores.
Cualquier persona blanca, occidental, estadounidense o que gozara de algún otro tipo de privilegio pertenecía automáticamente a la clase opresora. Se consideraba que esas personas no podían confiar en su propia percepción porque se asumía que esta estaba condicionada por el racismo, el sexismo y los privilegios.
Biggers admiraba a sus colegas. Le parecían más inteligentes, progresistas y mejor informados. Como resultado, afirma que cedió su propio criterio al grupo. Si al grupo no le gustaba algo, a ella tampoco. ¿Quién era ella, «solo una estúpida chica blanca», para estar en desacuerdo?
Esta forma de pensar afectó directamente su cobertura climática. Los activistas le decían que las empresas de combustibles fósiles eran malvadas, que el capitalismo estaba destruyendo el planeta y que Occidente era responsable de los problemas del mundo. Biggers aceptó su versión de la verdad como la verdad.
In three parts, I explain how I was brainwashed into becoming a biased climate reporter.
Step 1: Deconstruct your identity.
When I entered a newsroom at 25, this was the pervasive ideology: The world is divided into two groups—the oppressed and the oppressors.
If you are white, straight, privileged, or American, you are inherently an oppressor. Everything you grew up believing is wrong or evil. You cannot be trusted to see the world as it really is because you are inherently racist, biased, and part of the oppressor class.
I was young, excited to be there, and surrounded by people I thought were smarter and cooler than I was. So I absorbed their worldview and ceded my judgment to the group.
Once you are demoralized, feel guilty for being an oppressor, can no longer trust your own intuition, or your own interpretation of the facts, you will believe whatever the group tells you to believe.
Step 2: Atone for your sins.
Because you are an oppressor all you can do is atone for the sins of your birth. You can do that by repeating and advancing the group’s ideology. You never question it, because questioning the ideology is treated as proof that you are racist, selfish, or an oppressor.
For me, this manifested as becoming a climate reporter. Through my work I could help the downtrodden, the indigenous people and other marginalized groups. I could be a good ally.
And so without questioning, I pushed the idea that climate change was an existential crisis, fossil-fuel companies were evil, capitalism was destroying the planet, and America was an imperialist country that had destroyed the environment. Essentially all of the problems we faced were because of Western imperialism.
If I had any doubts about this way of thinking I would shut them down. Who was I to question any of it? I was just some stupid, privileged white girl who didn’t know anything. That was what I had been told about myself and that is what I believed. Better to go along with the group, keep my head down, and be a good ally.
Step 3: Fully submit to the ideology.
The West is evil. America is evil. Capitalism is evil. White people are evil. Everything you grew up believing is wrong, and the only way to fix the world is to tear all of these systems down.
The weird thing is that I fell for all of this from a place of compassion. I wanted to help the downtrodden. I wanted to solve inequality. I wanted to fix the world.
I thought that by giving up my personal agency to this ideology, I was playing my part in atoning for the sins of my birth.I believe what I went through is still incredibly relevant today. It helps explain the DSA’s growing power within the Democratic Party. Why most Democrats can’t bring themselves to condemn socialism. Why so many young people believe America deserved 9/11. Why young people and celebrities chant “Free Palestine” without understanding that Hamas is a terrorist organization or anything about the conflict. They’ve been told what to believe and who the oppressor is in each of these situations.
Ten years of cancel culture has taught people that questioning the ideology doesn’t simply mean you disagree. It means you are an evil oppressor. You are racist, sexist, privileged, out of touch, evil. Disagree and you will be cast out and lose everything.
Once people become afraid to trust themselves, examine the facts, or stand against the group, you’ve got them. They can be convinced to believe and do anything.
What do you all think? Did I describe this accurately?
— Lucy Biggers (@LLBiggers) September 17, 2026
La cobertura climática como expiación
Esto la llevó al segundo paso: expiar su origen y sus privilegios.
Biggers quería luchar contra la desigualdad y ayudar a las personas. Reconoce la historia de racismo de Estados Unidos y admite que creció con ciertas ventajas. Estas eran, según ella, las «semillas de verdad» que hicieron persuasiva la ideología en general.
Pero las conclusiones iban mucho más allá. Como estadounidense blanca y privilegiada, sentía que tenía que demostrar que estaba del lado correcto. La cobertura climática se convirtió en su manera de expiar «los pecados de su nacimiento».
Comenzó a presentar el cambio climático de una manera muy específica: como una amenaza existencial causada por las empresas de combustibles fósiles, el capitalismo y el imperialismo occidental. Al promover esa narrativa y dar mayor visibilidad a los grupos marginados, podía demostrar que era una buena aliada.
Biggers recalca que su motivación no provenía del cinismo, sino de la compasión. Precisamente por eso no reconoció que su cobertura se había vuelto ideológica. Sus creencias determinaban qué hechos podía aceptar y cuáles no.
— Lucy Biggers (@LLBiggers) September 17, 2026
El miedo a ser expulsada
En el tercer video, Biggers explica lo difícil que es apartarse de un grupo de este tipo. Muchas personas reconocen su experiencia, afirma, pero tienen miedo de estar públicamente de acuerdo con ella. Temen el rechazo de sus amigos y colegas, las consecuencias en el trabajo o la cancelación por parte de su propio grupo de pares.
La propia Biggers experimentó ese miedo. Antes de hablar sobre el sesgo en la cobertura climática, le preocupaba que la llamaran racista. Dentro del marco de opresores frente a oprimidos, criticar al movimiento climático también le parecía una traición a las comunidades marginadas.
Según sostiene, una década de cultura de la cancelación ha enseñado a las personas que cuestionar una ideología no significa simplemente estar en desacuerdo. Quienes plantean preguntas difíciles pueden ser considerados malvados, racistas, sexistas o privilegiados.
Esto permite que el grupo se mantenga. Las personas permanecen en silencio porque creen que están solas. Ese silencio, a su vez, convence a los demás de que prácticamente todo el grupo está de acuerdo.
— Lucy Biggers (@LLBiggers) September 17, 2026
La Trampa de la política climática desde dentro
Los tres pasos de Biggers forman un sistema cerrado. Primero, se enseña a las personas a no confiar en su propio criterio. Después, se les asigna una deuda moral por la que deben expiar. Finalmente, estar de acuerdo con la ideología se convierte en un requisito para ser una buena persona y seguir formando parte del grupo.
Su experiencia se relaciona con lo que anteriormente hemos denominado la Trampa de la política climática: una visión del mundo que se vuelve cada vez más resistente a las críticas mediante la identidad grupal, el estatus moral y la presión social. Biggers muestra cómo se ve esa trampa desde dentro.
«Una vez que las personas tienen miedo de confiar en sí mismas, examinar los hechos o enfrentarse al grupo, ya las tienes», escribe. «Se les puede convencer de creer y hacer cualquier cosa».

Evert Doornhof
Evert Doornhof ha estado activo durante muchos años en el mundo financiero, desempeñándose en funciones comerciales y de gestión. Después de la pandemia de COVID-19, cambió de rumbo al observar lo rápido que pueden restringirse las libertades individuales. Ahora se dedica a arrojar luz sobre crisis que parecen ser fabricadas o exageradas. Entre otras cosas, colabora con la Fundación Clintel, donde gestiona las redes sociales y ha escrito varios artículos.
El artículo que acaba de leer ha sido posible gracias a nuestros donantes
Cada día, Clintel publica artículos sobre clima, energía y ciencia. También traducimos y compartimos análisis internacionales en varios idiomas, producimos vídeos, publicamos informes y organizamos conferencias y eventos en todo el mundo.
No recibimos financiación gubernamental y dependemos por completo del apoyo de nuestros donantes. Su contribución nos ayuda a promover la investigación independiente y a contribuir a un debate más abierto y equilibrado sobre cuestiones relacionadas con el clima y la energía.
¿Le gustaría apoyar nuestro trabajo? Elija la opción que mejor se adapte a usted:
- Hágase Amigo de Clintel: apóyenos con una contribución anual
- Realice una donación periódica: proporcione apoyo continuo y ayúdenos a planificar el futuro
- Realice una donación única: toda contribución cuenta
Gracias por su apoyo.
more news
ICSF/Clintel lecture by Lars Schernikau: Wind and Solar Cannot Power Europe
Europe is facing a growing energy challenge that cannot be solved by simply adding more wind and solar power, said energy economist Lars Schernikau in his recent ICSF/Clintel lecture. “Germany could see serious power shortages before the end of the decade.”
Lucy Biggers: How I Became a Biased Climate Reporter
As a young journalist, Lucy Biggers wanted to do good but gradually lost confidence in her own judgment. She now describes how group pressure, guilt and fear of exclusion shaped her climate reporting.
Prince William is Wrong: Sweeping Climate Action Will Only Harm People
Prince William is behind the curve when it comes to climate change. He is also very misinformed about the history of European and global wildfire occurrences, says Linnea Lueken.
The post Lucy Biggers: Cómo me convertí en una reportera climática sesgada appeared first on Clintel.
Please consider helping!
Awake Freedom TV On Roku is Broken! 🙂

I could no longer maintain the costs on my own, so I moved the off of a dedicated server which was needed for the TV platform to work. On top of that, I want to build an app Awake Freedom TV app, for mobile phones. We need your help to first resurrect our TV channel, and then build the mobile app. In order to do that, I need a minimum of 800/month on subscription payments. Please help anyway you can with the form below.












Leave A Comment